Apuntes nocturnos (1)

Sábado por la tarde, aburrimiento y calor. Decido salir a caminar con mi hijo. Aprovecho que estoy cerquita del centro y voy por San Martín hacia el norte. No hay gente en las calles, sólo un par de turistas disfrutando de sus almuerzos tardíos en la peatonal.
Me paro frente a la vidriera de la emblemática librería García Santos, nada, sólo precios excesivos. Un par de cuadras más allá hago lo mismo en Yenny, similares resultados: libros de mierda a precios exorbitantes, vidrieras pletóricas de best-sellers fugaces y escaso riesgo de parte de las librerías, que dejan afuera a las editoriales más audaces (las mejores: Caja Negra, LBE, etc.).
Pienso en la industria editorial, que me dio de comer durante 3 años, creo que inevitablemente va a entrar en crisis en muy poco tiempo si no cambian radicalmente algunas cosas. La política de precios, por ejemplo, es pésima, las editoriales chicas intentan compensar las caídas en las ventas con subas de precios, el argumento lo oí mil veces: el lector no se fija tanto en el precio, pero todo tiene un límite y creo que este mercado lo está alcanzando. De la política de precios de las grandes es mejor no hablar. Pero la gente, por ahora, paga esos precios.
Todo esto está en un informe que nunca escribí sobre el comportamiento microeconómico de la industria; durante tres años acumulé suficientes datos estadísticos para hacer regresiones econométricas y llegar a las mismas conclusiones que llego de manera intuitiva;  no sé si vale la pena seguir con ese proyecto trunco. De todos modos creo que sería bueno que alguien le haga entender a los editores que no están vendiendo cosas imprescindibles.

♠♠♠

Terminé de leer hace poco El Traductor de Salvador Benesdra en la re-edición reciente de  Eterna Cadencia. Hasta hace poco el libro era prácticamente un mito, un artefacto marginal e inconseguible. Muchos hablaban de esta novela y pocos la habían tenido en sus manos. Ese rumor despertó mi curiosidad y mi interés, y apenas salió la edición nueva le encargué a un amigo que me la trajera de Buenos Aires porque en Mendoza era imposible conseguirla, al menos unas semanas atrás.
Es una novela de 600 y pico de páginas y de lectura lenta, como me gusta a mí (no me gustan mucho los libros que se leen de un tirón). Una obra genial. En el prólogo de la edición Elvio Gandolfo dice que El Traductor es una de las mejores novelas argentinas que se han escrito desde 1810, y creo que, más allá de que pueda parecer una exageración, el tipo no está tan lejos de la verdad. Es un relato ambicioso y magnífico sobre las contradicciones del progresismo argentino, sobre la locura, sobre el amor y sobre la década del 90′, tiene pasajes extraordinarios y un inconfundible aire arltiano. Recomiendo a los que puedan que no dejen de leer esta excelente novela.

El Traductor

El Traductor – Salvador Benesdra – Eterna Cadencia – 2012

♣♣♣

Hace dos meses que volví a vivir a Mendoza tras casi 5 años de residencia en Buenos Aires. Dos meses que parecen más; siento los años en Buenos Aires como una experiencia muy, muy lejana, como los años de universidad u otros recuerdos que el tiempo se encargó de fosilizar. Estaba seguro de que iba a extrañar algunas rutinas como los viajes en la línea E, las lecturas solitarias en el Café Martínez de Córdoba y Ayacucho, las caminatas por Corrientes, el Café de la Paz, la oficina kafkiana de la editorial y unos cuantos hábitos y lugares que formaron parte de mi vida cotidiana en los últimos años. Pero no extraño, los evoco con una nostalgia extraña, como se evoca la cara de algún compañero de primaria que nunca más vimos o la casa de alguna abuela muerta hace muchos años.
Por el contrario, a pesar de haber vivido en Mendoza la mayor parte de mi vida, de conocer sus calles, sus hábitos y a un puñado de personas; me está costando bastante adaptarme. En Buenos Aires la soledad me resultaba natural y hasta la disfrutaba, tal vez porque es una ciudad que obliga a quienes transitan su geografía a pasar mucho tiempo solos y a sumergirse en ese misterioso anonimato de las multitudes; pero en Mendoza me cuesta mucho más estar solo, debe ser, supongo, porque aquí hay otras formas de vida y otras formas de relacionarse, quizás porque sin trabajo tengo demasiado tiempo o libre o tal vez sólo me esté poniendo más grande y necesite más el contacto con otras personas.
Al llegar acá me propuse empezar de nuevo (una vez más) con todo, incluyendo la construcción de vínculos afectivos. He conocido a algunas personas sumamente interesantes en estos dos meses, pero desconfío de mi capacidad para establecer y consolidar relaciones, algo que siempre me costó mucho. Mientras tanto aprovecho el tiempo que me deja esta transición social y laboral para leer y releer varios libros, para mirar películas que tenía pendientes, para escribir y para pasar mucho tiempo viendo crecer a mi hijo, que fue lo mejor que traje de Buenos Aires.

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