No hay mucho en juego

Filmus, Massa, Carrió, Losteau, Michetti, Isaurralde, Terragno, Prat Gay, Cobos, Iglesias, Rosales, Abraham, Rodriguez Saá… y la lista sigue. Las caras de los probables triunfos y derrotas del proceso electoral que se avecina son muchas, los flashes de las fotografías que aparecerán en los diarios de la semana próxima encandilan y marean un poco. Deberíamos estar muy atentos, para no confundirnos, para ver lo que está realmente en juego. Y si prestamos atención al panorama y hacemos algunas cuentas veremos que no es mucho lo que se define en agosto y octubre de este año.

PASO

PASO

Las PASO no importan demasiado, no cambian nada, algunos pocos definirán candidaturas en una interna poco interesante y el resto medirá cuánta gente está dispuesta a votarlos, es decir: “la gran encuesta nacional” de cara a octubre. Después del lunes algunos se bajarán, otros gastarán fortunas en rediseñar sus campañas y otros harán la plancha. Los próximos meses serán demasiado largos para algunos y demasiado cortos para otros. Pero esencialmente las bancas en juego se definen en octubre.

Y en octubre ¿qué? Lo mismo. Al contrario de lo que piensan muchos candidatos y analistas políticos, creo que este no es un proceso electoral interesante. De hecho es, tal vez, el menos importante desde 1983. No hay mucho en juego, ni espacios de poder, ni capital político, sólo se ensayan ciertos posicionamientos simbólicos, demasiado fugaces y etéreos en el contexto político actual. Veamos por qué:

Empecemos por no olvidar que es una elección legislativa, no hay en disputa cargos ejecutivos que son los verdaderos espacios de poder en un sistema presidencialista y personalista como el argentino. Pero esto implica además que las victorias y derrotas electorales que pueda arrojar el proceso son relativas, casi todos los que encabezan las listas de las principales fuerzas políticas llegarán efectivamente a ocupar una banca en el congreso. Si una fuerza en determinada región saca el 30% de los votos llevará al congreso una cantidad determinada de legisladores independientemente de si es segunda detrás de otra fuerza que logre 32% o primera delante de alguna que logre 28%. Los porcentajes definen qué cantidad de legisladores de cada fuerza entran al congreso, los que rezan por esos porcentajes suelen ser los partidos chicos y los candidatos que lograron colar sus nombres en las nóminas propuestas gracias a la “magia” de la famosa lista sábana.

Entonces lo que importa son los porcentajes y no la posición, eso es lo que define la cantidad de legisladores. Pero, dado el mapa político argentino actual, tampoco podemos esperar demasiados cambios más allá de lo meramente psicológico y, como sabemos, los estados psicológicos de nuestra sociedad se alteran a una velocidad vertiginosa, por lo que el efecto se diluirá mucho antes de agosto de 2015.

Digo que no se pueden esperar muchos cambios en la composición del congreso básicamente porque las bancas que se renuevan son las que se votaron en 2009 en diputados y las que se votaron en 2007 en senadores. Veamos cada caso.

Diputados

Diputados

Diputados

En el año 2009 el FPV (es decir el kirchnerismo) sacó el 31,2% de los votos totales del país para renovar diputados nacionales, perdiendo alrededor de 30 bancas en relación a 2005. Según algunos sondeos es probable que el oficialismo este año el iguale, o aún supere, ese porcentaje, con lo cual su elenco de diputados quedaría más o menos invariable en número. Esa caída entre 2005-2009 quedó parcialmente compensada por la gran elección del FPV en 2011 respecto de 2007. Por lo que el kirchnerismo conservará seguramente la primera mayoría simple en esta cámara, el quorum propio y, seguramente, la presidencia del cuerpo.

La alianza entre la UCR y sus circunstanciales socios socialistas/conservadores (a quien algunos medios erróneamente clasifican como “centroizquierda”) sacó el 30,7% del total de los votos a diputados en ese mismo año. Pero es interesante el análisis por distrito:

  • Capital Federal: sacó 24,21% en 2009 y sacará más que eso en octubre.
  • Provincia de Buenos Aires: sacó 21,48% en 2009 y sacará bastante menos que eso en octubre.
  • Córdoba: sacó 29,04% en 2009 y sacará 10 puntos menos en octubre.
  • Santa Fe: sacó 39,85% en 2009 y sacará un poco más del 40% en octubre.
  • Mendoza: sacó 48,4% en 2009 y sacará entre 35% y 45% en octubre.

Para el resto del país el panorama es similar, las recuperaciones de ciertos distritos compensan las caídas de otros. Por lo que es muy probable que este bloque pierda diputados o, como mucho, mantenga los que ya tiene, pero seguirá siendo la segunda fuerza del recinto.

Las otras variantes del peronismo —como Massa, De Narváez, el PRO (sí el PRO es peronismo también)— y de la UCR —como Fayad en Mendoza—, pueden sumar muchos votos en algún distrito pero carecen de estructuras territoriales a nivel nacional y terminan siendo bloques pequeños que no tienen relevancia en el recinto para imponer ningún tipo de agenda. Sus protagonismos son efímeros y se reducen a los meses previos y posteriores a las elecciones para después disolverse y aportar diputados a otros bloques en forma ocasional o permanente (como ha ocurrido con Amadeo, Solá, De Narváez, etc.). El resto son monobloques o fuerzas marginales  no oficialistas (como las mil variantes de la izquierda porteña) con escasa relevancia en términos numéricos.

Senadores

Senado 2013

Senado 2013

A diferencia de lo que pasa en la cámara baja, en donde el FPV tiene poco riesgo, en senadores se renuevan bancas del año 2007, un proceso que el kirchnerismo ganó cómodamente. Tal es así que de las 24 bancas en juego, el kirchnerismo (con sus aliados) pone en juego 19. Hay elecciones a senadores en 8 provincias. En Río Negro, Neuquén, Chaco, Entre Ríos y Santiago del Estero es probable que el kirchnerismo mantenga sus senadores. En tanto es muy probable que pierda uno o dos en Salta, Capital Federal y Tierra del Fuego. Así y todo el FPV cuenta hoy con 33 senadores propios y 6 o 7 aliados, lo que le permite sumar 40 bancas y tener el control del senado, de ese total puede perder 5 o 6 senadores, lo que le haría perder la mayoría simple pero aún así lograría mantenerse como primera minoría.

En tanto la oposición no arriesga demasiado y puede sumar bancas, pero, dada la heterogeneidad ideológica de estos potenciales senadores, en la rutina legislativa difícilmente logren consensos que les permitan llevar a cabo algún cambio importante desde la legislación, aunque logren frenar algunas iniciativas audaces del FPV como la reforma judicial o cualquier otro proyecto de ese tipo.

En resumen

  • El kirchnerismo debería superar el 50% largo de los votos de todo el país para intentar una reforma constitucional que habilite a su único cuadro político, Cristina Fernández de Kirchner, a un tercer mandato; las probabilidades de que esto ocurra son casi inexistentes.
  • La oposición debería superar en su conjunto el 80% de los votos totales a nivel nacional y, además, ponerse de acuerdo, para arrebatarle al kirchnerismo el control total del Parlamento y la presidencia de alguna de las Cámaras. Algo que tampoco va a pasar, dado que el piso del kirchnerismo está cerca del 30%.

Sin poder real en juego, como dijimos antes, lo que se define es capital simbólico, pero ya sabemos que esa inercia no llega a 2015, se diluye antes. No está tan claro que quien logre derrotar al kirchnerismo tenga reservado un puesto en la carrera por la presidencia en 2015. Fernández Meijide, Carrió, Cobos y De Narváez son algunas pruebas vivientes de que ganar una elección legislativa en distritos importantes no asegura nada. Por eso creo que la probable victoria de Massa no significa demasiado, sólo le arrebatará bancas al radicalismo y al ya viejo Peronismo Federal, pero su proyección depende de los inevitables desplazamientos de dirigentes kirchneristas a partir del 28 de octubre, de lo que haga Scioli, de lo que hagan los gobernadores peronistas y de su habilidad para que su nombre aparezca con regularidad ligado a una opción de poder concreta. El único candidato en carrera hacia 2015 es Daniel Scioli y, por supuesto, Jorge Altamira. Todo el resto se definirá durante 2014 y 2015 sin que el resultado de estas elecciones tenga demasiada influencia.

Entonces: A nivel nacional no hay poder real, ni capital político en juego, detrás de esas luces y de esas fotos de triunfadores circunstanciales sólo hay un proceso electoral burocrático, cambio de algunas caras y reacomodamientos laborales para algunos miembros de esta gran farándula en que se está transformando la política argentina. A nivel regional puede haber algo, pero es mejor dejar ese análisis para después del lunes.

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