Literatura Mendocina: apuntes para una utopía

Desde que, un par de años atrás, volví a radicarme en Mendoza, he estado rastreando expresiones que me permitieran diseñar un mapa posible de la producción literaria mendocina contemporánea.  Todos conocemos a Tejada Gómez, a Draghi Lucero, a Ramponi y a Di Benedetto entre otros, ellos son parte de la historia cultural de la provincia, el museo ilustre de lo que alguna vez fue nuestra literatura. Pero yo me preguntaba ¿qué hay de lo nuevo? ¿qué se está haciendo en la literatura local? Recuerdo que, recién llegado, le pregunté a Maxi Quinteros que me orientó un poco, después, trabajando en la Feria del Libro Provincial de 2013, pude ampliar un poco mis horizontes y finalmente recorriendo algunos puestos de la Alameda y a través del espacio Pájaros Librería Independiente pude completar un poco mi panorama. Dediqué los últimos meses a leer autores mendocinos contemporáneos y tengo que confesar que me sorprendió la calidad de gran parte de mis hallazgos, cito de memoria algunas de esas gratas sorpresas: Darío Zangrandi, Javier Piccolo, Gonzalo Córdoba,  Juan Montaño, Soledad Muñoz, Pablo Grasso, Gastón Ortiz Bandes, Julio Coronado, Pablo Arabena, Guillermo Antich, Claudio Rosales, Diego Bustamante Ríos, Leo Pedra y una veintena más de nombres que en este momento no recuerdo se suman a escritores que ya había leído viviendo en Buenos Aires y redescubrí como Marcelo Padilla, Eugenia Segura, Débora Benacot y Tomás Fadel. Otra que la tan promocionada NNA, aquí hay toda una generación (o un par de generaciones) mucho más pareja en calidad que aquel acierto del marketing cultural porteño.

Mesa de autores mendocinos en Pájaros Librería Independiente

Mesa de autores mendocinos en Pájaros Librería Independiente

En mis pesquisas encontré un documento del IDITS y la UNCuyo sobre consumos culturales en la provincia, un trabajo del 2008 dirigido por Marcelo Padilla y Lucía Bagini. Es un estudio bastante completo y esclarecedor, tiene incluso pautas para el diseño de un plan estratégico a 10 años de políticas culturales a implementar en la provincia. Han pasado más de 7 años desde que ese estudio vio la luz y apenas un par de las propuestas concretas de aquel trabajo han sido implementadas. Habría que volver a hacer el estudio y trazar un nuevo plan estratégico. Permítanme ser escéptico al respecto.
Pero seamos justos, algo es algo: la inauguración en 2012 del Espacio Julio Le Parc, la creación de la señal Acequia TV y un par de acciones puntuales llevadas a cabo en los últimos años son mucho más de lo que nuestro escepticismo nos permitía imaginar en aquellos años. Sin embargo el carácter errático e inercial de estas medidas, las coloca lejos de constituir un plan estratégico de desarrollo de industrias culturales.
Pero volvamos al estudio de 2008, que revela algunos números interesantes y esperanzadores, particularmente para la menos desarrollada de las industrias culturales locales: la industria editorial. Según la encuesta, en aquella época el 42% de los mendocinos compraba libros (principalmente novelas, cuentos y textos universitarios). De esa masa crítica, sólo el 11% leía autores mendocinos, pero casi todos los que habían leído a autores mendocinos los calificaron positivamente (bueno o muy bueno). Hay más datos y muy interesantes, los remito a quienes quieran profundizar a la lectura del documento, no quiero aburrir con más números, los expuestos bastan para justificar mis argumentos.
Insisto: habría que volver a hacer ese estudio, algunas cosas deben haber cambiado (por ejemplo: debe haber más lectura digital que en ese momento), sin embargo no creo que haya habido cambios estructurales de envergadura que hayan torcido esa tendencia.

A los bifes, déjenme plantearlo en términos de mercado: la demanda existe (ese 42% de gente que destina parte de sus ingresos a libros) y conforma un mercado de envergadura; la oferta mendocina que absorbe esa demanda es baja (apenas el 11%); la recepción de la oferta mendocina es buena (95% de valoración positiva). Está claro que el problema está del lado de la oferta y no del lado de la demanda, ni del lado de la valoración de calidad artística de las obras (que vendría a ser el componente subjetivo de la demanda).

¿Y qué es la oferta editorial mendocina?
Respuesta de economista: la cantidad total de libros a disposición en un momento determinado y un lugar determinado. No nos sirve, abandonemos acá el enfoque económico, sigamos con lo que tenemos.

Me refiero a textos mendocinos, esos que circulan como pueden en plaquetas de poesía, en ediciones artesanales, en libros de tiradas cortas en off-set, producidos por editoriales autogestivas, en pdf’s y blogs en internet, muros de Facebook, etc. Es una oferta demasiado fragmentaria, que circula como puede, sin recursos, sin bocas de distribución, sin promoción, sin apoyos institucionales, sin lugar en los espacios de legitimación oficiales y tradicionales. Ahí están la editorial Babeuf, la Librería Pájaros, la Feria del Libre, el Proyecto Editorial Itinerante, PAN, los pibes de la revista La Leónidas (que ya superaron la maldición de los 2 números y van por el 4), Carbónico, Cienaguita Cartonera, y un puñado de iniciativas y autores que pagan de sus bolsillos las ediciones (a alguna de esas fábricas de libros a medida camufladas de editoriales, como Dunken, que abundan en todo el país). Aparecen y desaparecen, mueren y resucitan, se caen y se levantan, mutan, cambian de nombre, abandonan, retoman. Generan espacios de intercambio, organizan lecturas, debaten, proponen, emprenden, no se puede decir que no den la pelea. Como dije: hacen lo que pueden.

¿Y Mendoza Ediciones Culturales? Bien gracias, ni siquiera tienen online el catálogo.

¿EDIUNC? Editorial universitaria, se dedica básicamente, como dice Damián López en sus Anotaciones Incendiarias, a llevar a cabo autopsias.

 

Después del Fin

Después del Fin – Antología de poesía mendocina – Editorial Babeuf

No, la oferta mendocina está compuesta por lo que pueda hacer ese conjunto de personas en el tiempo libre que le dejan sus respetivos trabajos y con los recursos que puedan recuperar de sus aventuras editoriales. En sus hombros frágiles y escasos está depositado todo el peso de la responsabilidad de ser la industria editorial de la provincia. ¿Cómo vamos a pretender que absorban ellos solos una porción significativa de la demanda de libros de Mendoza? Bastante han hecho arrebatándole a los dioses del mercado un meritorio 11%.
Pero no alcanza, ¿quién nos asegura que ese 11% no esté compuesto por un colectivo de individuos leyéndose entre ellos? ¿Conocen lectores de poesía que no escriban poesía? Hay que ir a buscar lectores más allá de la frontera imaginaria que impone ese 11%, pero para ello se necesita apoyo, un apoyo que hoy no existe por parte del Estado, de los medios y mucho menos del mundo empresarial mendocino.
¿Entonces qué hacemos? ¿Otro Plan Estratégico? ¿Apelar otra vez al Estado? Sería lo ideal, el Estado Provincial debería dar una mano. Pero vienen tiempos difíciles, si este gobierno está en deuda con la cultura, el que viene no tiene pensado pagarla, ya lo dijeron: recortes presupuestarios.  Basta observar las políticas culturales de algunos municipios: conferencias de escritores porteños (medio pelo, pero porteños), políticas editoriales incomprensibles, espectáculos importados, etc. Más de lo mismo. El Estado no va a ayudar a remontar la industria editorial local.
Repito: ¿Qué hacer? ¿Seguir linkeando textos en muros de Facebook bajo el supuesto ilusorio de que alguien entra a leer? ¿Conformarse con pequeños espacios en las secciones culturales de los diarios locales que sólo leemos unos pocos? ¿Subir los libros en pdf después de 6 meses de editados, a ver si lo leen un par más? ¿Regalar la mitad de una edición a compañeros de la secundaria a ver si alguna vez leen los libros? ¿Ser una tribu local que se lee entre sí? ¿Mandar en secreto esa novelita que tanto costó al Premio Clarín, Emecé o, más fácil, al Vendimia?

Sí, todo eso hay que seguir haciéndolo. Pero creo que es necesario ir más allá, darle una mano a la gente que la está remando. Acá va mis propuestas de plan estratégico alternativo sin estado, desde el llano:

Copiar la experiencia de B&F: sacar los libros de sus espacios tradicionales de circulación. Llevarlos a los kioscos, a los almacenes y peluquerías barriales, a los locales de los shoppings, a los bares de la calle Colón, a los Mr. Dog, a las casas de instrumentos musicales y artesanías regionales. Regalarlos para los cumpleaños, para los aniversarios, para el día del padre. Dejarlos subrepticiamente en los bolsillos de los abrigos en guardarropas de boliches, bares y restaurantes. Colocarlos estratégicamente y en secreto en bibliotecas y baños de las casas que visitamos. Colarlos entre las revistas de las salas de espera odontológicas. Meter hojas fotocopiadas con poemas dentro de los best-sellers exhbidos en las mesas de cúspide y yenny.

Tomar el espacio público. Llevar los debates a bares de la calle Colón. Hacer las lecturas de poesía en el patio de Palmares. Organizar jornadas extenuantes de poetas mendocinos en la explanada de la Municipalidad de Capital, o en la Plaza Independencia, en el horario de salida de los colegios, o en la puerta del Ministerio de Cultura, o en la Peatonal un fin de semana largo. Meterse a leer poesías mendocinas en las presentaciones y catas de vinos, en el Casino Provincial, en la terraza del Hyatt, en la Legislatura, etc.

Filmar a los transeúntes, parroquianos de bares, comerciantes, automovilistas, familiares y amigos leyendo fragmentos de poesías mendocinos en la calle, en la cocina, en el dormitorio, en cualquier lado y después subir los videos a Youtube (es una idea afanada de acá, cito fuente para evitar problemas legales). Ya se hizo algo parecido una vez en Mendoza:

Leer en voz alta en los colectivos, en las reuniones, en las iglesias. Leerle a los amigos, a los hijos, a las parejas, a los parientes, cualquier excusa es buena para leerle a la gente en voz alta. Son especialmente receptivos mientras lavan los platos o hacen el fuego para el asado, por ejemplo.

Venderle el alma al diablo: financiar las ediciones con espacios publicitarios dentro de los libros. Tomar por asalto a personalidades destacadas de los medios y pedirles que cuelen textos en sus programas, bajo amenaza si es necesario.

Pintar paredes con poemas cortos, repartir panfletos en la puerta de los colegios chetos, irrumpir en el almuerzo de las fuerzas vivas.

Hacer un Ediciones Culturales de libros digitales y publicitarla dejando pintadas en los colectivos.

Lo que sea necesario para que potenciales lectores le den una oportunidad a la literatura mendocina.

En definitiva: hacer, si es necesario, la revolución……………

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Perdonen, me dejé llevar por la vehemencia de mi entusiasmo revolucionario, a veces me pasa, pero probablemente algunas de esas propuestas puedan servir, junto con otras, para ir a buscar aunque sea a una parte de ese 42% de mendocinos que se resigna a Aguinis y Murakami.

Cuenten conmigo.

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