Diario de un mal año (41)

Diario de un mal año (41)

 «Trabajar permanentemente en tus
obsesiones acabará por convertirte
en una piltrafa patética, minada por
la angustia o devastada por la apatía.
Pero, lo repito, no hay otro camino.»
(Michel Houellebecq)

19/03/2018 – Lunes

Me levanto temprano para hacer un par de cosas antes de que mi hijo y mi madre se despierten y empiecen a demandar mi tiempo. Los días se han acortado y me veo obligado a desayunar con una lámpara encendida. Mientras tomo un café doble con pasta frola vieja leo mi horóscopo del día: «El giro potencial de tu economía está en ascenso. Si tuviste una situación apretada en días pasados, ahora te sientes mucho más confiado y seguro porque estás viendo resultados palpables en tu vida financiera. Te pagan una vieja deuda y recibes ese dinero con alegría.», nada distinto a lo de todos los días, si fuese por todos los horóscopos diarios que han pasado a lo largo de mi vida ya tendría que ser millonario, no se me hubiese caído el pelo, sería menos miope y estaría en pareja, mínimo, con Scarlett Johansson, además tendría seguramente una computadora más nueva que esta. Espero con ansias el día en que mi horóscopo diga algo así como: «Hoy no es su día, procure no salir de su casa. Cólicos por la tarde, diarrea con algo de sangre hacia la noche. Sus acreedores finalmente lo encuentran y acuden a su domicilio con la firme intención de lincharlo. Si tiene pareja, se va con otro, si no tiene, jamás la tendrá. Vaya contratando un seguro de sepelio, es posible que le quede poco tiempo de vida. Posibilidades de contraer hemorroides.», ese día enfrentaré la jornada con el optimismo desbordante que recomiendan todos los libros de autoayuda, mientras tanto mido mis expectativas.
Leí que Facebook le vendió al equipo de campaña de Donald Trump una base de datos con información sobre 50 millones de usuarios, al parecer es un escándalo, a mí no me parece tan grave, si la gente no quiere que usen su información para hacer marketing, entonces que no la suba a internet, o que suba datos falsos, pero que no se queje. A mí me da igual que utilicen la información personal que subo a la red, de hecho aliento a todo aquel interesado a que la use con total libertad, no creo que sirva de mucho, pero por las dudas les aviso: no tengo un mango para comprar nada.
Mi amigo Guille leyó mis inconvenientes con Netflix y me pasó su contraseña para que la use provisoriamente mientras nos dan las tarjetas nuevas, pero como no quiero abusar de su generosidad me puse a buscar y bajé toda la segunda temporada de Better Call Saul en formato mkv de una web excelente que tiene todo subido a torrents, en formato comprimido y con muchos subtítulos, de hecho aproveché para bajarme otras series que no están en Netflix, creo que gracias a ese sitio sobreviviré mientras consigo una cuenta propia. Hoy leí únicamente el libro de Barón Biza, me gusta, encontré algunas cositas por ahí y las subrayé, es una buena novela; en un par de días la liquido y me pongo con alguna de las novelas de Serguéi Dovlátov.

20/03/2018 – Martes

Me levanto temprano después de dormir poco y mal. Hago cosas como para no quedarme dormido: ordeno unas carpetas y papeles viejos, lavo ropa, voy a hacer compras, le cocino a mi hijo y limpio un poco mi habitación. Dejo a mi hijo en la escuela y me quedo un rato en la Plaza Italia leyendo la novela de Barón Biza. Llego a una de las mejores escenas: Mario visita en su casa a una chica de Milán recién operada de la nariz (ex-narigona le dice el narrador) y charla con el padre de arte a raíz de un cuadro de Giuseppe Arcimboldo. Una curiosidad de este libro es que Barón Biza reproduce los discursos de personajes que no hablan español en traducciones textuales, así por ejemplo en vez de hacerle decir “mi hija” le hace decir al hombre “la mía hija” o directamente usa otramente en vez de decir “de otra manera”. Así los diálogos adquieren un tono extraño y disonante que obliga a contrastar con el estilo utilizado para el resto de la narración y con los discursos del propio narrador. El efecto contribuye a ensanchar esa distancia emocional que Barón Biza se esmera en construir. En fin, al llegar a casa busqué al tal Arcimboldo en Google y me aparecieron varios cuadros suyos, incluso algunos de los que hablan en el libro, pero no logré identificar el que tiene la familia milanesa en el comedor.
Después de una siesta reparadora viajo al centro en el ex-trole y me junto a tomar un par de cervezas con Montaño, las primeras en un bar de Rivadavia y 9 de Julio, las siguientes en Colón y España. Montaño tiene la habilidad de identificar los bares de la ciudad en donde la cerveza es más barata. Vuelvo a casa de noche caminando. En Rioja y Morón ya no hay nadie en la calle, el viento frío arremolina hojas y basura suelta en las veredas, la ausencia de gente, la oscuridad y los faroles rotos de la calle hacen lo suyo para que el paisaje parezca una ciudad saqueada.
Por la noche miro un rato el programa de Fantino, hablan de un informe de Amnesty International sobre periodistas que son insultados por mucha gente en Twitter, se indignan, se escandalizan, opinan; causa mucha gracia ver a 7 personas tratando de informar y explicar algo que están lejísimos de entender, las reflexiones de una tal Manguel y de Edi Zunino son disparatadas y grotescas. La conclusión: “Es un tema muy delicado”, en eso están todos de acuerdo. Amnesty International en el mundo se dedica a denunciar casos de periodistas asesinados por servicios de inteligencia, amenazados por gobiernos corruptos, intimidados por la Mafia, secuestrados por terroristas, etc., en Argentina se dedican a investigar el bullying de 500 twitteros a 8 periodistas ignotos. Absurdo y patético. Después me aburro y miro los dos últimos capítulos de la segunda temporada de Better Call Saul.

21/03/2018 – Miércoles

El otoño nos recibe con una mañana fresca y transparente. Despierto con los primeros pájaros, todavía es de noche pero un rojizo tenue asoma por el este rompiendo la oscuridad, restituyendo formas y colores a las cosas. Es la mejor hora, el silencio todavía reina en la calle y en la casa, y el sol todavía no sobrecalienta el aire. Desayuno leyendo noticias que ya son viejas y después salgo a enfrentar la hostilidad del mundo. Compro en un kiosco de revistas un libro sobre Carl Jung en esas ediciones baratas de tapa dura que corresponden a colecciones por entregas, bibliotecas enteras se han constituido así, con este tipo de ofertas. Después me encuentro con el Guille en la calle, él va camino al centro y yo volviendo a Dorrego, charlamos brevemente de un par de cosas y quedamos en almorzar mañana. Más tarde, tras una breve batalla con el sitio de ATM, pago impuestos provinciales por internet. El resto de la mañana se la dedico a mi hijo: tarea escolar, uniforme, almuerzo y viaje a la escuela. Vuelvo a casa, almuerzo y, tras una pequeña siesta cuyana, voy otra vez a la escuela a buscarlo en bondi. Al volver nos demoramos mirando de lejos un episodio policial en la esquina de Adolfo Calle y Espejo, después pasamos por el Átomo.
Por la tarde viene un amigo a mi casa de pasada, hace unos días habíamos estado hablando de Houellebecq y de su último libro de poesía Configuración de la última orilla, me confirmó lo que ya me había anticipado Grasso: es un mal libro, se ofreció a prestármelo y hoy me lo trae junto con otro volumen de poesía reunida editado por Anagrama de 2012 y convenientemente titulado Poesía, en edición española cara que nunca vi en Argentina. Me deja los libros y se va apurado advirtiéndome que se los cuide. Dejo a Houellebecq para la noche y me preparo un café. Mientras leo con entusiasmo tardío las páginas finales de El desierto y su semilla, empieza a caer la noche, el mismo tono rojizo de la mañana ahora corona las siluetas de la montaña al oeste, las luces se empiezan a encender y, de a poco, el silencio vuelve a ganar las calles. En una pausa de lectura repaso mentalmente la jornada, un día más, sin nada que valga la pena recordar, de a poco me va absorbiendo una vida plana, de una quietud desesperante. Creo que debería buscar más problemas, y ya que no tengo trabajo, debería buscarlos por otro lado.

22/03/2018 – Jueves

Desde la mañana el día se revela hostil, nada grave, nada interesante ni trascendente, pero es uno de esos días en los que bastan dos horas para sacarme las ganas de todo. Lo mejor en estos casos es evitar contacto humano, quedarme en casa leyendo, de ser posible no salir de mi habitación. Dejo para después Configuración de la última orilla y me pongo con Poesías de Houellebecq . Según la contratapa: «Este volumen reúne sus cuatro libros de poesía —“Sobrevivir”, “El sentido de la lucha”, “La búsqueda de la felicidad” y Renacimiento”— y permitirá al lector adentrarse en las claves literarias de Houellebecq.», guau! buena presentación, pero no del todo verídica, porque el primer libro llamado Rester vivant (1991) y traducido como “Sobrevivir, método” no es estrictamente un libro de poesía, ya que en lugar de poemas contiene una especie de manifiesto, o instructivo para los poetas jóvenes, y funciona, quizás, como introducción a los tres poemarios contenidos en el libro. Es un texto corto, no llega a ocupar ni el 10% de las páginas totales de la antología, pero muy potente, me quedo leyendo y releyendo esas pocas páginas durante toda la mañana y gran parte de la tarde. El texto tiene toda la causticidad y el nihilismo de Houellebecq, pero parece más visceral y por ello más verosímil, está despojado de las extravagancias de diva que su autor fue adquiriendo con la fama y los años. El librito está dividido en cuatro partes, en las que desarrolla brevemente las cuatro condiciones, o los cuatro pasos para escribir: El sufrimiento – Articular – Sobrevivir – Golpear donde más duele. En la primera parte establece el sufrimiento como insumo insoslayable para el poeta, expone brevemente distintas fuentes de sufrimiento (la culpa, la infancia, la timidez, el rechazo, la adolescencia, el amor…), propone no buscar el sufrimiento, pero aprovecharlo. En la segunda parte, Articular, habla de las formas, de darle un marco y una estructura a ese sufrimiento, un marco que viene dado por las formas poéticas, aquí alienta a experimentar con distintos estilos y a no casarse con ninguno. La tercera parte conmina al aspirante a poeta a sobrevivir a los contratiempos, a hacer que esa vocación sobreviva a pesar de las adversidades y las miserias con que cualquier poeta contemporáneo se encuentra todos los días; esta parte termina con una arenga contundente y singular: “No teman a la felicidad: no existe.”. La última parte habla un poco de la relación del poeta con temas abstractos: el bien, la verdad, la belleza, la filosofía, la libertad, etc. El único problema de este texto es que la traducción es española y como Houellebecq usa todo el tiempo el modo imperativo, queda demasiado ibérica (temed, podéis, vuestras, sois, etc.), pero salvo eso es un libro revelador y luminoso a pesar de su cinismo y su nihilismo, sirve para entender un poco más, no sólo la poesía, si no toda la literatura de Houellebecq, además tiene mucho para afanarle, subrayé un montón de conceptos interesantes que podrían servir en otro marco.
Paso gran parte del día con este libro, salgo de mi habitación sólo para lo estrictamente indispensable (llevar a mi hijo a la escuela, ir a comprar cigarrillos, comer sobras, hace café, etc.). Todo lo demás que intenté hacer falló, no fue mi día. Es raro, el horóscopo era muy auspicioso.

23/03/2018 – Viernes

Amanezco mejor predispuesto que ayer y paso una mañana relativamente tranquila, alternando la atención a la tarea escolar de mi hijo con las lecturas de algunos poemas de Señales de una causa personal de Joaquín Giannuzzi y el repaso de algunos pasajes de El desierto y su semilla a los que había prestado poca atención. Releí con especial interés el capítulo en donde Mario (el narrador), tras una mejoría de su madre que se va a Ginebra, empieza a vagar por Italia y encuentra una pareja de australianos a los que le hace de guía turístico y traductor. Ahí la narración se vuelve más introspectiva y más libre, creo que puede funcionar como un relato aislado aunque no se haya leído el resto de la novela. En este capítulo, a diferencia de los demás, se narra en tiempo presente y se apela mucho al recurso, ya utilizado antes, de traducir literalmente los discursos en inglés (que es el idioma en el que dialogan el narrador y la pareja de australianos). Al final del libro, en una nota con fuentes y referencias, Barón Biza aclara este punto: «El cocoliche del alemán, italiano e inglés empleado a ráfagas en el texto no tiene ninguna sistematicidad; simplemente traté de dejar, en español, señales de que se está hablando en otros idiomas, que no domino.», y le creo, pero este uso particular del lenguaje queda, además, como una marca de estilo singular y excéntrica que contribuye a vitalizar y matizar la narración. En fin, es una muy buena novela, al principio consideré inútil la relectura, pero a partir del viaje a Milán de Mario y Eligia empieza a aparecer lo que hace del libro un artefacto literario singular, complejo y muy atractivo.
Duermo una siesta y me despierto un poco atontado, veo de pasada que está jugando la selección nacional contra Italia, pero no me interesa, no soy hincha de la selección, desprecio cualquier manifestación nacionalista y además es un amistoso. Me voy al centro y, como siempre, termino en la librería Leviatán en donde, además del Tupac, me encuentro a Terraza, a Grasso, a Cuello y a Ortiz Bandes. Charlando un poco con los amigos la tarde pasa rápido y vuelvo a casa para buscar el auto e irme a una reunión social del tipo en el que cada vez encajo menos, conozco a casi todo el mundo pero no tengo nada en común con nadie. Me quedo al lado de la parrilla charlando con el que hace el asado y tomando vino. En un momento quedo charlando en un rincón con un matrimonio que no conozco (el azar de la socialización no selectiva), la mujer se aleja para atender a sus niños y el muchacho, un gordo alto, fornido y muy simpático, me confiesa que se siente como yo: fuera de lugar. Le comento al pasar sobre una lectura de poesía cuyo anuncio vi en Facebook y que hacía referencia a los zombies, ¿para qué? El tipo se revela experto en toda la temática zombie, es una especie de militante de esa subcultura, por whatsapp el Tupac me tira un par de películas de culto sobre el tema y uso esa información para ganarme la confianza del tipo, que redobla su apuesta y me empieza a hablar de series europeas y películas zombies orientales, además menciona varios sitios de internet y una cosa que se llama Marcha del Orgullo Zombie. Yo, que lo más cerca que estuve de esa subcultura es haberme enganchado con The Walking Dead, trato de seguirle el ritmo, pero el tipo es una especie de psicópata desatado que no para de hablar de cómics, de gente y de movimientos internacionales que no conozco ni me interesan. Después me dice que no le diga nada a la mujer porque al parecer se enoja mucho cuando él muestra ese costado filozombie. Vuelvo a casa pensando en el gordo: empleado jerárquico del Banco Nación, reciente propietario de una casa que se construyó con un crédito hipotecario, esposo feliz y papá de dos niños rubiecitos que manda con gran esfuerzo a escuela privada,  ex-rugbier, buen amigo, gran asador, cocinero aficionado, un tipo aparentemente feliz en la gran llanura de la burguesía nacional, uno de esos oficinistas sin rostro que uno cruza todos los días en la calle sin sospechar que tiene una pasión rara e inconfesable, que cuando nadie lo ve se disfraza de zombie, que se escapa de su casa para asistir a mítines y marchas zombies, que ha gastado fortunas a espaldas de su esposa comprando objetos raros por internet, y cuyo único y oculto objetivo es asistir a un congreso zombie que se hace en no sé qué lugar de Europa todos los años. Me queda la impresión de alguien profundamente insatisfecho, un asesino serial en potencia, un virus dentro del sistema. La normalidad también tiene esas cosas.

24/03/2018 – Sábado

Día de la memoria, aniversario del golpe militar del 76’. Por la mañana voy a lo de Marcelo Padilla, nos juntamos a charlar informalmente con gente del peronismo de Guaymallén, me quedo hasta bien entrado el mediodía hablando de la historia, del pasado reciente, del presente y del futuro incierto. En el departamento más poblado de Mendoza el peronismo salió tercero en las últimas elecciones, es tierra arrasada, hay que empezar a trabajar de cero con la mira puesta en 2023, con 2019 como prueba intermedia que permita, al menos, recuperar el segundo lugar. Me comentan que hay juventud y voluntades, pero dispersas, desorganizadas, sin un liderazgo sólido, hay que empezar por ahí. También coincidimos en que hay que dejar de joder y trabajar en serio en un proyecto para el departamento. Hablamos de perfil productivo y de cultura, áreas en donde se puede hacer bastante. Veremos qué sale. Llego a casa como a las 2, almuerzo y me acuesto en la cama a leer El viajero indeciso, una revista literaria que saca regularmente la secretaría de cultura provincial. Es una buena revista, con buenos textos, con ilustraciones a color, una buena idea mal implementada: es gratuita, pero tiene pocos lectores porque se distribuye mal, el mismo problema de siempre en Mendoza, todos creen que el trabajo termina cuando los textos salen de imprenta en el papel, después de eso se da por sentado que la gente se abalanzará sobre ellos para leerlos. Y no, justamente esa es la parte difícil: encontrar lectores. Pero no hay caso, nadie parece entenderlo. El número 7 de la revista trae un texto de Pablo Grasso sobre los eventos literarios (lecturas de poesía, presentaciones de libros, conferencias, etc.) que describe muy bien ese tipo de reuniones y da razones para no asistir, decisión que yo había tomado hace algún tiempo y que los argumentos de Grasso me ayudan a consolidar. Me acuesto a dormir una siesta antes de ir a la marcha, pero me quedo dormido hasta tarde y termino quedándome en casa. Me da bronca, tenía ganas de ir, pero vengo durmiendo poco y mal de noche desde hace mucho tiempo, no puedo evitar las siestas.
Por la noche me voy a un asado en casa de mi tío, está mi primo Juan Pablo, mi madre y mis tíos maternos. Comemos cerdo, costillas, entraña, chorizos y ensaladas varias, empujamos todo con un vino muy bueno que no me acuerdo como se llama, y lo digerimos con un Johnny Walker de los negros. La anécdota y los recuerdos familiares dominan casi todas las conversaciones, pero en un momento hablamos de política y los ánimos se tensan un poco. La experiencia personal como único argumento para justificar las preferencias políticas no sirve, su uso es casi miserable, por eso me enojo y empiezo a chicanear, una tía se enoja y se va a fumar al patio. Ya lo dice la sentencia popular: de política y de religión no se discute en la mesa, de fútbol puede ser, pero la política y la religión siempre son temas ásperos, mejor evitarlos. Volvemos a las dos de la mañana y, después de ver televisión un rato, me acuesto a dormir. Me cuesta adaptar esto que terminé siendo yo a los 44 aaños a la civilización, pero nadie podrá decir que esta semana no lo intenté.

25/03/2018 – Domingo

Decido aprovechar la reunión familiar del domingo para darle a mi hijo un festejo anticipado de cumpleaños (el martes cumple 6 años) con primos, torta y regalos. Como le gustan las cosas a la parrilla me levanto temprano y compro pollos, leña, gaseosas, pan y cosas para hacer ensaladas, me excedo un poco con la cantidad y hago crujir mi magro presupuesto mensual, pero sin culpa. Me gustaría darle más, a esa edad ya se fijan algunos recuerdos, pero lamentablemente mi situación financiera, laboral y personal no es la mejor desde hace varios años, espero compensarlo en el futuro. Manejo por el desierto dominical mientras escucho la radio, hay sol y por la ventanilla entra el aire frío de la mañana, pero el remordimiento y la tristeza no me dejan disfrutar ese placer efímero y trivial. Alguien me acusa, elípticamente, de alcohólico a modo de insulto, un insulto exagerado e injusto, sin dudas, pero no del todo falso, y por eso duele mucho, sobre todo por el contexto personal. Busco a mi hijo y manejo de vuelta a casa pensando en eso, no me enoja como otras veces, prefiero ser destinatario del odio y no emisor, a la larga se digiere mejor el odio ajeno. Mientras aso los pollos sigo pensando, no tengo nada contra el odio y el resentimiento, inclusive creo que son necesarios a veces, pero el gran problema es que su ejercicio desmesurado tiende a destruir todo aquello por lo que alguna vez luchamos. Una lástima.
Paso la tarde en el patio con mi hijo y mis sobrinos, sentado en una silla al sol, sin hacer casi nada, tomando café y sintiendo la textura del césped frío entre los dedos de los pies descalzos. Es una tarde ideal para estar leyendo debajo del viejo naranjo, con mate y cigarrillos, pero no tengo ganas de pararme a buscar un libro ni a preparar el mate, entonces me limito a mirar cómo juegan los niños, sus peleas, sus alianzas efímeras en los pequeños desacuerdos, sus diálogos desopilantes, las pequeñas miserias y virtudes que ya asoman tímidamente en sus pequeñas y frágiles personalidades. Me entretengo con eso un rato largo. La tristeza y el desánimo crecen a medida que declina el sol, entonces decido entrar y ponerme a mirar una película en TV, engancho Snatch: cerdos y diamantes. Así se va el día, sin haber leído nada, sin haber hecho nada que valga la pena, simplemente siendo testigo de la vida de los otros.

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