Upgrade Bíblico

Encuentro entre los recortes que guardo en Evernote varios artículos pequeños que saqué de distintos medios sobre un tema que alguna vez seguí mucho: los hombres más ricos del mundo,  y probablemente de la historia de la humanidad, a instancias de Warren Buffett y Bill Gates firmaron una especie de pacto por el cuál se comprometen a donar entre el 50% y el 99% del total de sus fortunas. Guardé todas las noticias que pude encontrar al respecto entre 2009 y 2010 porque, a pesar de la escasa importancia que le otorgaron los medios a esta iniciativa, me pareció un punto de inflexión importante en la historia de la humanidad. No me refiero a cuestiones de filantropía o generosidad y mucho menos al impacto que pueda tener esta acción en la distribución mundial del producto, no soy tan ingenuo; más bien valoro el fuerte contenido simbólico del hecho, la metáfora que encierra el hecho. Inmediatamente pensé en esa gran obra maestra de la literatura universal: La Biblia.

Al margen de las creencias religiosas, nadie puede negar la monstruosa potencia literaria de La Biblia, es el origen de la literatura. Allí abrevaron muchos de los mejores escritores de la historia: Faulkner, Melville, Dostoievski y otros. La Biblia es una enorme antología de crónicas, historias, fantasías, biografías y relatos que abarca quién sabe cuántos siglos, una obra genial y colosal. Muchos de los textos que componen La Biblia contienen un mensaje cifrado y están plagados de símbolos y metáforas, por lo que sería algo estúpido leer todo de manera literal. Lamentablemente, en los últimos veinte siglos nadie se ocupó de continuarla, pero pienso que no es una carencia difícil de subsanar. Probablemente, dada su fuerte inclinación alegórica, muchas etapas largas de la historia de la humanidad están representadas en La Biblia por un par de páginas, una metáfora, un símbolo, un hombre o una pequeña referencia dentro de algo más grande. Por lo tanto podríamos optar por resumir en un puñado de renglones metafóricos los últimos 2000 años. La opinión de algún filósofo o algún sabio, o una compilación de varias frases célebres atribuidas a los próceres de la historia podrían servir. También podríamos pensar en alguna metáfora que abarque este par de milenios. Piensen en alguna parábola alegórica, un texto simbólico, una pequeña crónica, todo puede servir. Mi propuesta es la siguiente:

La historia comienza con una promesa y la cima de una montaña. Dios, o quien sea, le dice a su pueblo que la montaña es el próximo objetivo, deben llegar a la cumbre y ahí sí (‘ahora sí‘, dice Dios) está la Tierra Prometida, una versión mejorada del Paraíso. Entonces comienza el éxodo que podría tratarse de la continuidad de aquel que ya figura en la Biblia con Moisés como protagonista, el Mar Rojo y todo eso. Miles de personas empiezan a caminar hacia esa cúspide, pueden verla a lo lejos, pero saben que la perspectiva los engaña y que el camino es largo y complicado. La caravana se va nutriendo de gente que se suma, la cantidad de personas caminando es cada vez mayor. El camino es tan, pero tan largo, que empiezan a pasar los años, las décadas, los siglos y el pueblo sigue caminando. La gente se acostumbra a vivir en esa eterna peregrinación, se resigna a no llegar con vida y enseña a sus hijos a seguir caminando hacia el pico de esa montaña, “ahí tenés que llegar, ¿ves?“, les dicen. Empiezan a morir las primeras generaciones y sus descendientes siguen caminando como les enseñaron, sin perder de vista el objetivo. Son cada vez más, se empiezan a relacionar entre ellos, tienen más hijos, forman familias enteras de peregrinos y sus vidas transcurren caminando. (Aquí inclusive podrían haber referencias o directamente pedazos enteros expropiados al cuento de Cortázar Autopista del Sur). Lo cierto es que pasan generaciones y generaciones sin que el pueblo llegue a la montaña.
Algunos hombres empiezan a cortar camino por el bosque y se pierden, algunos descubren por casualidad algún atajo, otros descubren maneras de andar más rápido con menos esfuerzo, otros buscan atajos y se pierden, algunos se resignan y se quedan en sus lugares esperando que sus hijos puedan re-emprender la marcha, otros empiezan a desconfiar y a caminar en otras direcciones y la mayoría sigue caminando. Pero en un momento determinado, un pequeño puñado de hombres empieza a sacarle ventaja al resto y se adelanta hasta la base de la montaña. Casi todos pueden ver cuando comienzan el ascenso, muchos se caen, algunos incluso mueren con la caída  Muy pocos siguen adelante hacia la cima. La gente los ve a lo lejos, allá arriba, a punto de llegar, se han escindido del rebaño, ya no son parte de la masa. Empiezan a imitar, sin éxito, los procedimientos de esa centena de hombres. Mientras tanto los pioneros siguen quedándose y cayendo. A lo lejos puede verse un par que alcanzan esa cima tan ansiada. La gente se da cuenta de que es un lugar muy pequeño, que hay espacio para muy pocas personas, entonces todos empiezan a correr para adelantarse, pero chocan entre ellos, se caen, se pisotean y se lastiman o mueren de a miles. Se produce un gran revuelo, los que quedaron cerca de la base les gritan a los de arriba, les preguntan qué hay ahí en la cima, los otros tratan de acercarse. Pero básicamente todo es un gran caos.
En un momento los hombres que hicieron cumbre empiezan a bajar, la gente los mira con ansiedad y en silencio, los tipos siguen bajando y ya pueden verse la tristeza y la desazón dibujadas en sus rostros, caminan cabizbajos y lentamente, como apesadumbrados. Cuando cruzan a los primeros hombres, aquellos que están a mitad de camino entre la base de la montaña y su cumbre, los miran con pena. Ellos le preguntan “¿Qué hay ahí arriba?” ¿Porqué vuelven?” Los tipos levantan la cabeza, miran a la multitud de gente expectante y silenciosa y dicen: “Muchachos, nos equivocamos de montaña”.

No me digan que no es ingenioso como metáfora. Si se deciden a incluir esta parábola (cuya moraleja podría ser Siglos al Pedo) en La Biblia me comprometo a renunciar a los derechos de autor. Inclusive estoy dispuesto a permitir modificaciones, adendas y recortes. Eso sí, pongo una sola condición: los hombres que bajan deben tener las caras de Warrent Buffett y de Bill Gates.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s